Camino a la libertad

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Había algunas películas decentes en la cartelera y gracias a unos cartuchos vacíos de impresora las entradas nos iban a salir gratis por lo que la situación no pintaba nada mal. Camino a la libertad de Peter Wier fue la opción escogida y es que el director de El club de los poetas muertos y de El show de Truman daba bastante confianza. A continuación leerán (o cerrarán la pestaña del navegador) una pequeña reseña firmada por un pésimo crítico de cine.

Camino a la libertad es un drama basado en la novela de Slavomir Rawicz “The long walk” que a su vez toma como fuente de inspiración hechos reales, igualito que las películas de Antena 3 un domingo por la tarde. Está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y narra la historia de un grupo de presos fugados de un campo de trabajo soviético en plena Siberia. Mientras el frío cala en los huesos del espectador, los prófugos deben atravesar miles de kilómetros a pie hasta la frontera soportando mil penurias.

Desde las montañas heladas hasta el desierto abrasador se interponen entre los sufridos viajeros y la libertad. Como hemos visto en otras muchas películas, en los momentos verdaderamente difíciles salen a reducir los instintos animales necesarios para sobrevivir. Cualquier hombre en esas circunstancias puede ser tan peligroso como un lobo acorralado. Es cierto que es un tema ya visto gana en interés por el excelente trabajo de fotografía. Tanto la belleza como la dureza de los variados entornos quedan perfectamente plasmadas en la cinta.

Considerable duración (133 minutos) teniendo en cuenta que sólo muestra una buena caminata, todo un atrevimiento. Para mi sorpresa no se hizo aburrida y, aunque tiene ciertos altibajos, la tensión no para de crecer. Olvidaos de acción a raudales o cualquier tipo de excesos, es una película sobria que cumple su cometido. Quizás podría achacarle la sensación de que algunas escenas no están bien enlazadas pareciendo un collage un poco caótico. El reparto no es muy conocido exceptuando a Collin Farrel y a Ed Harris, no me ha llamado la atención el trabajo de ninguno ni en el buen ni en el mal sentido.

En definitiva, una buena película con un planteamiento distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en cartelera. Manda narices pagar por ir a ver verdaderos truñacos y una vez que me sale el cine gratis merecía la pena.

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